Me veías como
si no fuera realidad, acariciabas mi rostro y me amabas en cada mirada, en
cada suspiro.
Desperté del
sueño y aún sintiendo tus caricias pensé en uno que pudiera hacer
realidad. Uno el que él será como esa primera taza de café, con la
temperatura adecuada para que dé calidez a mis manos y reconforte mis
adentros, sus ojos oscuros y brillantes, que con poco pueda dar mucho y su
aroma altere mis sentidos, que sea único, puro, fuerte y de vez en cuando se endulce
para jugar con mis papilas, que al tocar mis labios su sabor me haga cerrar los ojos como en oración, pues sabe como a cielo, que despierte mis
sentidos y llene de alegría mis días.
Que sea como el café, que siempre tenga un lugar en mis dias, que lo quiera por lo que es, saborizado o sin ningún agregado.