Despierto y
lo veo, a medias, con luz tenue, frente
a mí, sonriendo y olvidando, saboreando cada beso, sintiendo mis manos en su
rostro como si nunca nadie lo hubiera hecho. Despierto y regreso al día en que
lo vi, no fue un sueño, es solo que duele menos pensando que lo fue, cuando lo
conocí fue intimidante, como se esforzaba por saber de mi, como si con cada
pregunta reafirmara que era yo, pero el día que lo vi… que lo
reconocí… el tiempo pasó volando, lo sabía, estaba escrito.
Pasaron los
días y con un porfavor no diga que no, una pausa y un casi inaudible porfavor reafirmando
su pedido, dije si a todo, a los altos y bajos, a quererlo, a pelear por horas
y luego reírnos por haber perdido el tiempo en eso, sí a la ilusión, a la
desilusión. Por momentos no existía nada mas, ambos abríamos nuestras vidas a
la posibilidad, era imposible no hacerlo, pero habían días en que me hacía
dudar de mi existencia, nuestros cuerpos se separaban para que de nuevo
ocurriera lo inevitable, la distancia se perdía entre sus labios y los míos,
entre sus pensamientos y mis verdades, usted, guardabas las suyas, esas que no
decía, pero que yo sabía.
Era un ir y
venir de realidades y fantasías, vinos, conversaciones llenas de dolor, besos, abrazos interminables, orgullo, música que hablaba sin palabras, indecisiones,
el frio de días lluviosos, deseos que hacían arder nuestra piel, heridas del
pasado que compartíamos en ese momento que solo era de nosotros, lo vanidoso y
lo sencillo, desnudos en cuerpo y alma, todo lo bueno y lo malo que habíamos
sido, eso éramos, éramos.
De ahora en
adelante para mí, las nubes traerán melancolía en los días lluviosos, y una
botella de vino vacía siempre estará llena de nuestras sonrisas. Hoy todo está
marchito, como esas rosas en manos de otra, ya no quema como el sol que broncea
su piel junto a ella. Mi tiempo, su pérdida… dicen… mas sin embargo estoy bien,
leí que algunas heridas no abren la piel sino los ojos, duele pero no sufro y
de lo único que me arrepiento, es de esa noche, en la que debí haber besado sus
lagrimas, su dolor. Dicen que la mejor despedida no es un adiós, la mejor
despedida es un gracias y a usted, amor mío… tengo mucho que agradecerle.
