Mis labios cansados y con sabor
a ti, mi mente embriagada olvida y el alma en ese momento confía, al límite de
soñar, de cerrar mis ojos y estar en paz, esa paz que me hace descansar y es
que con minutos basta para reponer las energías perdidas al extrañarte tanto,
porque habías tardado tanto.
En mi soledad no dejo de
pensarte, ni de sentirte con cada parte de este terco corazón, cansado ya de
luchar con mis indecisiones, asegurando que ésta será la última vez, sin saber que
al ver ese brillo en tus ojos todo volverá a ser igual, una y otra y otra vez.
Al final no importa cuánto te
piense o te extrañe, ni como con tan solo cerrar mis ojos vienes por completo a
mí, tu sonrisa, tu mirada, tus labios y
ese aroma tan impregnado en mi se quedan por completo desvanecidos en un hasta
luego, en una botella vacía y un futuro al que podría asegurar que tú no
pertenecerás.
