Qué bien ha de sentirse
no pertenecer a nadie, no extrañar, ni necesitar saber si todavía habita
este mundo. Y es que nunca me he pertenecido a mí misma, siempre en busca o en
espera. Siempre añorando esa persona que llene cualquier espacio que quede por
llenar en mí existir. Alguien que comparta mis amaneceres y no que solo esté
en el ocaso de mis días y peor aún a medias, ni siquiera presente, nunca
completo, solo cuando nadie ve, como si todo esto fuera un trato
clandestino.
Y aún ahora, cuando ya
debería tener maestría en cómo no desperdiciar sentimientos en ilusiones, sigo
queriéndote, eres lo primero y lo último en mi mente cada día, eres ese suspiro
triste y pesaroso que sale desde lo más profundo de mi ser, eres ese sueño del
que no se habla, esperando se haga realidad. A veces siento que te he dejado de
querer y a veces, que te quiero aún más. Solo espero, espero que si algún
día vuelves, vuelvas a tiempo, porque puede que si vuelves muy tarde, tu
regreso, ya no me haga feliz.